Mi nombre es Lucas Galante, nacido en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, ingrese en la Orden de San Agustín en el 2006, a los 27 años de edad donde conocí por primera vez el norte de argentina y los valles calchaquíes. Luego de seis años de formación decidí cambiar de rumbo, hecho que se concreto en el verano del 2014 cuando comencé a realizar una experiencia de vida en la capilla del paraje La Puerta de la finca Luracatao, departamento de Molinos (Salta).

Al principio me costaba demasiado descubrir el motivo por el cual estaba allí, aunque tenia bien claro que ese debía ser el lugar. Cerros, campo, mucho sol, vientos fuertísimos, distancias incalculables, sin servicios de electricidad ni comunicaciones, en fin, muy distinto a la vida que venia llevando, pero era allí donde quería estar y donde sentía que Dios me llamaba.

Poco a poco comencé a encontrar un lugar entre los habitantes dando catequesis y guiando las celebraciones dominicales. Pero poco a poco iban surgiendo necesidades no menos importantes como la reparación de alguna moto, autos, generadores de electricidad, etc. Sin embargo la actividad principal que más tiempo me demandó fue la necesidad de brindar de electricidad a diversas familias, concluyendo una planta solar piloto que dio muy buenos resultados brindando de electricidad convencional a treinta familias para uso de cualquier electrodoméstico y herramientas de gran consumo.

Otra de las grandes necesidades era la comunicación, ya que no llegaba ningún tipo de señal de celular ni de internet, por lo cual conseguimos armar un proyecto y conseguir fondos para instalar una antena repetidora en la cima de un cerro a mil metros de altura. Conseguimos organizar una comisión con tesorero, técnicos, cobradores, y hasta el momento se han instalado internet en ciento cincuenta viviendas y siete repetidores para llevar la señal a todos los parajes de Luracatao.

Desde hace años que muy fácilmente se corre el riesgo de identificar a la pastoral solo con el acompañamiento espiritual de la comunidad, cuando lo que tendríamos que acompañar debería ser todo aquello que afecte a nuestras comunidades, de lo contrario nos convertiríamos en insensibles e indiferentes. Es así como sin cerrar los ojos a las necesidades de las personas de este valle descubrí el motivo del llamado de Dios. Diferentes circunstancias de la vida me han capacitado para lo que hoy puedo lograr entre esta gente, pero mucho más importante es donde Dios nos lleva para que podamos poner en practica esos dones recibidos a favor de los más humildes y necesitados.

 

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