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Charla en el encuentro de catequistas en San Carlos.

Al plantearnos el lema de este encuentro recurrimos a la Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate en la que el Papa Francisco replantea el tema de la santificación personal.

De hecho, nuestra santidad pasa por el camino del discernimiento vocacional porque no es otra cosa que responder generosamente al llamado que Dios nos ha dado para nuestra plena  realización personal.

Ahora bien, la vocación que el Señor nos da a cada uno solamente se entiende formando parte de un todo armónico en el que confluyen las vocaciones de otros hermanos. En la medida que nuestra vida se entreteje con la suya, enriqueciendonos, ayudándonos, alentandonos mutuamente, es que se va realizando en nuestras personas y comunidades el Reino de Dios.

Somos una comunidad de llamados por Dios, una convocación, una Iglesia, en la que somos testigos de la acción salvadora del Señor. Esta dimensión eclesial es la que también quisimos resaltar en el lema de este encuentro, pues quisimos descubrir a los santos patronos de nuestras comunidades como testigos de la respuesta generosa a la vocación comunitaria que Dios les dió en su contexto personal.

El Papa toma el texto de la Carta a los Hebreos que enseña

“Ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta” (12,1)

Nosotros hemos querido hacer referencia a esa nube de testigos entre quienes se cuentan nuestros santos patronos, pero no sólo ellos, sino también mucha gente que nos precedió en el alumbramiento de nuestra Prelatura.

Ella empieza en el año ´69. Es el Papa Pablo VI quien la crea, pero no comienza ahí todo.

Hay un antes que la explica, porque las cosas no comienzan con nosotros. No somos el punto cero de nada, ni de nadie. Generalmente tenemos el complejo de superhéroe : “llegó el señor yo”; “llegó la catequista tal o el catequista cual; o el cura fulano e inicia la nueva era”. No. Nosotros no somos el origen de las cosas; somos herederos y es bueno que lo sepamos aceptar y lo sepamos disfrutar. Es verdad que cuando arribamos a una realidad encontramos cosas que se deben mejorar o corregir, pero las cosas no comienzan con nosotros nunca. De allí que a esta gente que estuvo antes del 69 le debemos una memoria agradecida.

Debemos memoria agradecida a los ardorosos misioneros que cruzaron estos valles, sin expectativas de oro, ni para enriquecimiento material, porque aquí no había nada. En estas tierras eso no era posible. No eran los fértiles terrenos de la Amazonia donde se planta cualquier cosa y germina. Aquí es como es, desértico. Así que esta gente vino por amor a Dios. Pasaron toda clase de privaciones, hambre, frío. Es poco serio considerar que semejante entrega tenía como finalidad el enriquecimiento en bienes materiales.

P. Flavio Quiroga

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