NOTAS Y TEXTOS PARA LA CATEQUESIS UNA PROPUESTA PARA IR ELABORANDO JUNTOS

1 NOTAS Y TEXTOS PARA LA CATEQUESIS UNA PROPUESTA PARA IR ELABORANDO JUNTOS NOTAS ORIENTATIVAS.- A tenor de los Ecos del III Congreso Catequístico Nacional – Anticipar la Aurora.

Construir la Esperanza (CEA – Oficina del Libro, 25 de agosto de 2014), demando de sacerdotes y catequistas de nuestra Prelatura que se tengan en cuanta algunos aspectos relacionados con la catequesis de iniciación, para asumir autocríticamente el desafío del Papa Francisco: «estamos un poquito retrasado en lo que a la conversión pastoral se refiere» (Discurso en el Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM, Rio de Janeiro 18 de julio de 2013).

En 2009 se realizó la Encuesta Nacional en Parroquias y se continuó el trabajo con los Encuentros Catequísticos Regionales. En ambas tuvimos la posibilidad de participar. El trabajo culminó con el III Congreso Catequístico Nacional en 2012. Por nuestra parte, esto es lo que proponíamos en los Encuentros de Catequistas de 2015: 22 de agosto en Santa María y 19 de setiembre en Molinos.

1.- Catequesis «más vivencial, menos escolarizada», celebrativa, «más experiencial, menos memorística; de encuentro de vida, no de examen académico».

Hay cosas que aprender, pero la memoria no es almacén, sino tradición, secuencia de vida, lo que queda de lo vivido y vale la pena recordar (re-cor-dare: que dé constantemente vueltas en mi corazón, que esté siempre presente en mi vida aunque ni me dé cuenta, como por un hábito adquirido). No se trata del parecer cauto de los párrocos, ni de los gustos razonables de los sacerdotes, ni de los propósitos elogiables de las religiosas, ni de la vanguardia evangelizadora de los religiosos, ni de las intenciones sensatas de los catequistas. «Frente a un mundo que cambia y frente al actual proceso de maduración de la Iglesia en América Latina, el Movimiento Catequístico siente la necesidad de una profunda renovación. Renovación que manifieste la voluntad de la Iglesia y de sus responsables, de llevar adelante su misión fundamental: educar eficazmente la fe de los jóvenes y de los adultos, en todos los ambientes. Fallar en esto sería traicionar, a un mismo tiempo, a Dios que le ha confiado su Mensaje y al hombre que lo necesita para salvarse» (Medellín, 1968: capítulo VIII – Catequesis, 1).

2.- Pautar los encuentros catequísticos en bloques. ¿Cómo se lleva a la práctica? ¿Los catequistas están preparados? ¿A los chicos les va a quedar algo? ¿Cuál es la misión de la catequesis? «Formar hombres comprometidos personalmente con Cristo, capaces de participación y comunión en el seno de la Iglesia y entregados al servicio salvífico del mundo» (Puebla, 1979: 1000). Me parece que se podría proponer esta metodología:

1º Ambientación: un relato bíblico (relevancia de los personajes bíblicos, gente como nosotros, historias de vida con sus problemáticas, sus dolores, sus dudas, sus gozos y sus sombras, pero que se abrieron a la esperanza amorosa de la revelación de Dios), una oración, un juego, etc. que ayuden a entrar en ambiente.

Quizá intentar un estilo narrativo en la catequesis nos haga bien. Por ejemplo, si estamos hablando de la confianza en Dios, en algún encuentro se puede leer el pasaje de Génesis 37, la historia de José: sus orígenes, el amor de sus padres, sus sueños, los celos y la mentira de sus hermanos, vendido y desamparado, llevado a un lugar extraño, la vida que se le hace difícil y parece no tener sentido, etc. Se puede leer la parte del pasaje que relata las vicisitudes de su penosa vida (37, 1-36). Y comentar lo que sentimos que José experimentaría, qué tiene que ver su situación con la mía, si he vivido en algún momento algo parecido a lo de José, quién me quiere y quien no, a quién quiero y a quién no, qué me ha pasado en la última semana, cómo he llevado a la práctica el compromiso asumido en el encuentro anterior, etc. (15 minutos).

2º Contenido bíblico-doctrinal: tratamiento de los temas (qué nos propone la Palabra de Dios en la tradición de la Iglesia para el seguimiento de Jesús en cada etapa de la vida) (15 minutos) – Qué dice Dios en la Iglesia para la vida.

3º Cómo incide esto en la vida cotidiana y qué nos aporta (15 minutos): qué me dice a mí, qué nos dice como comunidad; a qué me compromete, a qué nos compromete; qué compromiso concreto asumimos cada uno y como grupo para la semana y hasta el próximo encuentro (15 minutos).

4º Damos gracias a Dios por la vida y le pedimos su gracia para ser discípulos misioneros de Jesús. Puede finalizarse con una oración, un canto, un relato bíblico, etc. Por ejemplo, volvemos al pasaje de la historia de José: cómo sale adelante (Génesis 39), cómo se reencuentra con sus hermanos (Génesis 42) y llega a perdonarlos (Génesis 45), cómo se reencuentra con su padre (Génesis 46, 28-34), etc. (15 minutos). 3.- La catequesis es un ministerio profético que, «actualizando incesantemente la revelación amorosa de Dios manifestada en Jesucristo, lleva la fe inicial a su madurez y educa al verdadero discípulo de Jesucristo (cf. CT 19). Ella debe nutrirse de la Palabra de Dios leída e interpretada en la Iglesia y celebrada en la comunidad para que al escudriñar el misterio de Cristo ayude a presentarlo como Buena Nueva en las situaciones históricas de nuestros pueblos» (Santo Domingo, 1992: 33). «O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora» (Aparecida, 2007: 287).

ALGUNAS MUJERES Y SUS HISTORIAS DE VIDA.

El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, es también el Dios de Sara, Rebeca y Raquel. Eva, «la que da vida», madre de todos los vivientes (Génesis 1-5). Sara, «princesa», esposa de Abraham («padre de una multitud») y madre de Isaac («hijo de la alegría»), a la que Dios concede concebir no obstante la ancianidad de su marido y su propia esterilidad (Génesis 18, 1-15). Rebeca, «mujer bella, encantadora, simpática», esposa de Isaac (Génesis 24).

Raquel, «oveja de Dios», esposa de Jacob («el que sustituye») (Génesis 29).

La madre de Sansón, cuyo nombre no conocemos, mujer estéril a la que Dios hace fecunda (Jueces 13).

Rut, «compañera fiel». El Libro de Ruth narra la historia de Elimélec, un hombre de Belén de Judá quien emigró con su familia al país de Moab. Su esposa era Noemí y sus hijos Quilión y Majlón. Al morir Elimélec sus dos hijos se casaron con Orfá y con Rut respectivamente, ambas de Moab, es decir, no pertenecientes al pueblo de Israel. Murieron también los hijos sin dejar descendencia. La suegra con las nueras regresan a Belén. Orfá vuelve a la casa de su padre.

Rut permanece fiel acompañando a su suegra. Al llegar a Belén, Rut y Noemí no tenían nada, por lo que Rut se puso a trabajar en el campo de Booz, quien era uno de los parientes de la familia de Elimélec. Booz se casa con Rut. De este matrimonio nació un hijo, Obed, que más tarde sería abuelo del rey David (Rut 1).

Ana, «llena de gracias», esposa de Elcaná, quien a su vez tenía otra esposa, Penina, que molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque no podía tener hijos. Dios le concedió concebir un hijo, el profeta Samuel (1 Samuel 1). La anciana Ana, que en el Evangelio según san Lucas recibe junto al anciano Siméon a María y José cuando presentan a Jesús en el Templo de Jerusalén (Lucas 2, 36-38).

María Magdalena, de la que el Señor expulsó siete demonios y luego, atraída por la misericordia de Jesucristo, se convirtió en una de las mujeres que lo acompañaban y servían. Estuvo cerca de la cruz y fue quien avisó a los dicípulos que el sepulcro estaba vacío. María significa «preferida de Dios» y esta Ma´ria era de una población de Galilea llamada Magdala (Lucas 8, 1-3; Mateo 27, 55; Marcos 15, 40; Juan 19, 25; Juan 20).

La Mujer samaritana, cuyo nombre no conocemos, aunque era muy conocida en su ciudad y, después de su mala vida pasada, se convirtió en evangelizadora al conocer «las fuentes de agua viva» que Cristo le descubre (Juan 4).

Las hermanas Marta y María, de la familia de Lázaro en Betania, donde Jesús encontraba un hogar de amigos en los que podía confiar y encontrar reposo. Jesús les reconoció su vida de trabajo y escucha de la Palabra (Lucas 10, 38-42).

Lidia, mujer hospitalaria que facilitó la entrada del cristianismo en la Europa de entonces, al proteger en su hogar a los discípulos que necesitaban dónde refugiarse. En Hechos 16, 13 se narra su conversión. Lidia era vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, en la actual Turquía. Se convirtió y albergó a san Pablo en su hogar en ese día y posteriormente cuando salió de la cárcel (Hechos 16, 40).

ALGUNOS RELATOS DE MUJERES COMENTADOS – CATEQUESIS NARRATIVA.- Mateo 1, 1-16: «LA GENEALOGÍA DE JESÚS».- 46 personas: 41 varones, 5 mujeres.

 Entre las mujeres: – María, su madre; – Tamar (Génesis 38, 1-30), nuera de Judá, viuda de su hijo Er. Cuando muere su esposo y para no dejarlo sin descendencia –como se pensaba entonces-, Tamar tuvo dos hijos con su suegro. Para ello se hizo pasar por prostituta; – Rajab (Josué 2, 1-22), prostituta que protege en su casa de Jericó a los enviados del pueblo de Israel; – Rut (Rut 3, 1-19), mujer fiel a su desamparada suegra Noemí. – Betsabé (2 Sam 11, 1-26), mujer de Urías, soldado fiel a quien el rey David hace poner en primera fila de la batalla para que muera y tomar como suya a su esposa, a quien ya había embarazo y será madre de Salomón. La genealogía de Jesús refleja la variopinta y compleja historia humana, con frecuencia sembrada de las miserias humanas, las mezquindades, las injusticias. Dios asume la historia en todas sus consecuencias.

Salva asumiendo, no rechazando; integrándose en ella para redimirla, no condenando desde el estrado de los altaneros. También Dios asume nuestra historia: personal, familiar, comunitaria, social, cultural. Y nos invita a honrar la vida, reconocer las raíces, agradecer la historia. Y poner nuestra parte para que continúe adelante corrigiendo errores, perdonando pecados, abriendo caminos de bondad y amor, buscando la felicidad de los demás, procurando que la salvación de Dios se dé hoy entre nosotros.

Lucas 10, 38-42: «UNA MUJER LLAMADA MARTA LO RECIBIÓ EN SU CASA…».- Jesús va de camino y se acerca a visitar a una familia conocida. Marta le abre la puerta de su casa. Su hermana María estaba dentro y lo recibe con gozo. Marta se preocupa por la atención del invitado. María escucha tranquila a sus pies lo que le dice. Marta se queja: «Señor, ¿no te da nada que mi hermana me deje sola para atender? Dile que me ayude». Y Jesús responde: «Marta, Marte, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas.

En realidad, una sola es necesaria. María escogió la parte mejor, la que no le será quitada». «Te inquietas», «te preocupas». Y está bien. Es importante. Pero de entre tantas cosas importantes que hay en la vida, solamente una es necesaria: abrir las puertas de nuestra casa al Señor, mostrarle nuestro corazón, dejarnos acompañar por él, permitir que su palabra nos ilumine, hacerle conocer nuestros gozos y nuestras sombras, para alegrarnos con su presencia, para que ilumine los rincones oscuros de la vida… Esta es «la parte mejor», que nadie podrá quitar. Lo demás es importante, pero pasa. Incluso puede llegar el momento en que –por enfermedad, por no tener fuerzas, por ancianidad- no podamos hacer muchas cosas por el Señor. Pero siempre podremos estar a sus pies, escuchando su palabra, abriéndole el  corazón, dejando que ilumine las oscuridades, pidiéndole que acompañe los gozos y consuele las penas… Y esta será la misión: tal vez no hacer las cosas de lo que ahora consideramos nuestra tarea, pero sí asumir la actitud de escuchar siempre su palabra y abrirle siempre el corazón. Para que se albergue en nuestra casa, para que habite nuestra vida, para que sintamos siempre su presencia cercana, su permanente compañía…

Lucas 1, 39-56: «MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL».

Los verbos que se emplean en el texto son de movimiento: salir, llegar, saludar… Y con ellos, lo propio de salir (moverse, viajar, aventurarse), llegar (descansar, alcanzar, tranquilizarse) y saludar (sonreír, abrazar, besar). Visitar tiene por objeto conversar, servir, celebrar…

1. Salir al encuentro.- Isabel la necesita y María necesita encontrarse con la anciana primeriza que la necesita. No se queda en la comodidad de la propia soledad. Porque el encierro en la propia soledad puede aprisionar en la jaula de los propios «demonios»: miedos, sospechas, frustraciones, desengaños, rencores, envidias, mezquindades, depresiones…

2. Servir es una necesidad que hace bien.- Saca de las propias esterilidades, hacer que las personas sean sorprendentemente fecundas. Abre la vida más allá de los propios intereses – de la propia casa- para hacer de la casa de los otros nuestro «hogar».

3. Celebrar la grandeza de lo pequeño.- La fecundidad de lo humilde, la eternidad del instante. Dios puede sacar vida de lo decrépito, generosidad del mezquino, perdón de las ofensas, gozo de las penas. Isabel es la historia de quien ha sido estéril por mucho tiempo: Dios la hace fecunda ya entrada en años. Y ella canta agradecida. No será madre del Mesías, lo será del Precursor. Ser «madres del Precursor», de quien anuncia y no confunde su misión: profetas, no mesías, quienes procuran que por su vida se escuche, se vea, se palpe… la Palabra del Salvador. Anunciar, proclamar, profetizar… y saber dar un paso al costado cuando corresponde. ¿Cómo hacerlo? Con mi vida y sus modos, en lo cotidiano del vivir: saliendo de mí, saludando, sonriendo, conversando; llegando a las personas como María hizo con Isabel: acompañando, abrazando, besando…  Ofreciendo lo que he recibido, dando lo que me ha sido dado, aprendiendo lo que la vida enseña, siendo transparencia de la caridad: «amor de Dios que ya fue derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado» (Romanos 5, 5).

Juan 4, 1-42: «JESÚS Y LA SAMARITANA».

Jesús abandona la región de Judea porque los fariseos están haciendo comparaciones entre él y Juan Bautista. Se vuelve para su región, Galilea. Se va del centro de Israel hacia la periferia. Cerca del mediodía llega a territorio de Samaría, concretamente a un pueblo llamado «Sicar» («en la tierra que el patriarca Jacob había dado a su hijo José»), donde hay un pozo que llaman «de Jacob». Samaría era para los judíos lugar de apostasía: había renegado de la verdadera religión. Sicar era, por ello, un pozo contaminado, cerrado, tapado, obstruido… del que nunca bebería un buen judío. Además, los manantiales del desierto están muy profundos y, por lo general, los pozos se tapan cada tanto y necesitan ser destrabados.

1. Jesús llega cansado. Está solo y sentado. Sus discípulos se han ido al pueblo.- Es la hora más calurosa del día. Difícilmente se encontrará con alguien. Sin embargo, una mujer llega con su cántaro a llevar agua. ¿Será que va a esa hora porque no quiere encontrarse con nadie? ¿Tendrá algo que esconder o por lo que esconderse? ¿Será mujer de mala fama?

2. «Dame de beber», le dice Jesús.- La mujer no se lo espera. ¿Cómo un judío va a beber de este pozo «contaminado», prohibido, «tapado» para «el pueblo elegido»? ¿Cómo, además, me lo va a pedir a mí, que vengo a esta hora para no encontrarme con nadie? Jesús no se acerca a la mujer diciendo: «tengo algo que hacer por ti», «puedo ofrecerte algo importante», «te va a hacer bien lo que te sugiero»… Tampoco lo hace diciendo: «sé quién eres y lo que te pasa», «tengo la solución para tus problemas», «¡tienes que cambiar de vida!»

3. Jesús nos hace comprender cómo hay que acercarse al pobre, al hermano necesitado, a la hermana perdida.- Acercarse a quien necesita, a quien sufre, a quien ha perdido la confianza en sí y la esperanza en otros, a quien ya no tiene valor para intentar vivir de otra manera… A esa persona de la que nadie parece necesitar nada Jesús le dice: «dame de beber», «te necesito»… A veces el pozo de la vida se ha tapado. No tenemos acceso al agua del manantial que somos nosotros mismos, que Dios ha puesto en lo más profundo de nuestro ser y que está ahí, aunque todos los pozos se hayan desbarrancado: errores, miedos, rivalidades, fracasos, sospechas, comparaciones, autoafirmaciones… A veces también queremos acapararlo todo, controlarlo todo, saberlo todo, manejarlo todo… Y con frecuencia, como no nos sale, nos victimizamos: la culpa siempre la tiene otra persona…

4. «Ve a buscar a tu marido y vuelve…», dice Jesús.- La mujer ha tenido ya cinco, está con el sexto… Es una vida de fracaso afectivo, de relaciones frustradas, bloqueadas, obturadas, tapadas, trabadas… Situaciones de la vida de las que Jesús también quiere liberar. No para que sea una persona perfecta, sino alguien que por fin pueda amar…

5. «La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente…» Deja su cántaro, hace el propósito de abandonar su vida anterior, y quiere hacérselo saber a todos. Jesús le ha hecho saber del «manantial» del que brota el «agua viva». Quiere destrabar su pozo, destapar lo que le obstruye la posibilidad de sacar y beber de esa agua… ¿Qué será lo que en mi vida me imposibilita acceder al agua viva y beberla? ¿Mi temperamento? ¿Mis problemas en las relaciones? ¿Mis dificultades psicológicas? ¿Mis bloqueos espirituales? ¿Cuáles son las trabas que me impiden acceder a la fuente de agua viva? Jesús, como a la samaritana, me pide de beber, se me acerca como a ella. En realidad es él quien puede darme al agua de ese «manantial» que «brotará para la vida eterna»…

Marcos 5, 25-34: «JESÚS Y LA MUJER CON HEMORRAGIAS».

Uno de los dirigentes de la sinagoga de Cafarnaún, de nombre Jairo, tiene su hijita muy enferma. Y le pide a Jesús que vaya a curarla. Jesús iba para allá «en medio de un gentío que lo apretaba». Y entre la gente, una mujer que desde hacía 12 años padecía de un continuo «derrame de sangre».

1. Hemorragia: sangre que se pierde, vida que se va.- Entre empujones, alguien a quien se le va la vida busca la salud. Es una mujer herida, en el límite del desaliento, al borde de la depresión; y socialmente apartada, lastimada, olvidada, «impura» (Levítico 15, 19).

2. Ha gastado una fortuna sin encontrar remedio a su mal.- Está cada vez peor, porque la enfermedad que no se cura va a más, la debilita, le saca las fuerzas. Está cada vez más empobrecida, se le agotan los recursos, no sabe a qué recurrir, ni a quién, ni con qué. Está entre la multitud, no sabemos su nombre, se mantiene en el anonimato.

3. Ha oído hablar de Jesús, escucha que va a pasar, se le acerca sin dejarse notar.- En realidad todavía no se ha resignado del todo, mantiene un hilo de esperanza, busca la ocasión como si fuese la última oportunidad. Y le «tocó» la ropa. Y se «curó» de inmediato.

4. «¿Quién me tocó?», pregunta Jesús.- Todos estaban cerca y le tocaban. Los discípulos no entienden la pregunta, ni se han dado cuenta de lo que pasó. Solamente la mujer y Jesús lo saben. Ella lo buscó, ahora es él quien la busca. Ella se deja ver. Él le mira a los ojos y le dice: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz. Queda sanada».

5. Como la mujer samaritana, en adelante ya no será una mujer afectivamente «marcada», socialmente «señalada», sino «amada», «salvada».- Ya no se sentirá «condenada» por la vida, sino «reconciliada» por la gracia. Es la sanación de quien espera, de quien no se resigna, de quien busca… De quien, como Jairo, acepta el consejo de Jesús, no obstante la propuesta de quienes le dicen: «Tu hija ya murió, ¿para qué molestas al Maestro». Y Jesús responde: «No tengas miedo, solamente ten fe».

*** «Jesús se dio cuenta del poder que había salido de él». Jesús tiene poder de sanar. Y la mujer confiaba: «tu fe te ha sanado». Dios nos reserva a todos un momento en el que algo bueno –lo mejor- se nos va a dar por medio de Jesús. Hay que esperarlo, buscarlo, quererlo, encontrarlo. Nos corresponde identificar y reconocer la enfermedad. ***

 ¿Por dónde se me va la vida? ¿Cuáles son mis hemorragias? ¿A quién tengo que «tocar» para sanar? ¿Con quién, con qué, con quiénes necesito hacer la paz para vivir en paz? Jesús invita a cuidar la fragilidad. Su poder tiene que ver con curar heridas, aliviar dolores. A eso estoy llamado también, a ser para los demás lo que Jesús es conmigo…

ALGUNOS RELATOS DE VARONES – CATEQUESIS NARRATIVA.-

Éxodo 3, 1-16: «LA ZARZA ARDIENDO».

La historia de la vida de Moisés es llamativa desde sus orígenes: hijo de esclavos hebreos, recién nacido fue salvado de las aguas y vino a crecer en la casa de la hija del Faraón de Egipto. Moisés se encontrará en su juventud con enigmas de identidad: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?

1. Tras asesinar en una pelea a un egipcio que maltrataba a un hebreo, Moisés tiene que huir lejos de su lugar de origen, al desierto.- Y pasa en poco tiempo de estar entre los mandatarios de un imperio a ser cuidador de ovejas y cabras que no son suyas, sino del hombre que le da a su hija mayor por esposa. De ser jefe viene a ser peón, de patrón a obrero, de vivir en un palacio a orillas de fértil Nilo a ser huésped en una carpa de pastores nómades del desierto. En lugar de progresar, Moisés va para atrás, parece haberlo perdido todo…

2. Como tantos otros días, Moisés sale a hacer su tarea cotidiana: buscar pastos para el rebaño.- Llega lejos con sus ovejas y cabras, hasta el Horeb, el «Cerro de Dios». Ve una zarza que arde. Algo le llama la atención… Es normal entre los pastores ver arder las zarzas. Al llegar la primavera en los lugares áridos, quienes se dedican al pastoreo hacen arder el pasto seco del invierno para que el nuevo brote fino, suave, fresco. Así será mejor para los animales…

3. En estos momentos seguramente el estado de ánimo de Moisés no era el mejor. Tal vez estaba cerca de la depresión.- «¿Dónde he venido a parar? ¡De la familia del Faraón al solitario desierto con la sola compañía de una familia de beduinos! ¡De tenerlo todo a tener nada! ¿Qué sentido tiene vivir así?»

 Seguro que en su interior la vida le abrasaba más que el sol sobre su piel. Algo le arde en lo más profundo de su ser. Y escucha una voz…

4. «Moisés, no te acerques más. Sácate las sandalias. La tierra que pisas es sagrada».- «No te quemes más, no te arrastres por la vida, no la arrases con tu desencanto, no la tornes ceniza con tu depresión, no la pisotees…» «Descálzate, porque el sequedal de tu vida, el desierto en que se ha convertido tu persona… es sagrado, es Horeb, Cerro de Dios». «Por muy penosa que esté siendo tu existencia, por muy pisoteada que haya sido, por muy ruinosa que esté tu persona… tu vida es sagrada, eres mi imagen».

5. Por eso, «ve al Faraón y dile: “He visto cómo mi pueblo está en la ruina, esclavizado, denigrado. Déjalo que viva libre, que salga de su postración, que atraviese el desierto que lleva a la libertad…» «Moisés, te envía «el que es», el dueño de la vida, de quien todo denigrado, esclavizado, arruinado… es un preferido».

*** La vida arruinada de Moisés, salvada por el Señor, es clave de esperanza para los decaídos. Es responsabilidad de fe ser testigos de las maravillas de Dios para con nosotros. Y, porque hemos sido redimidos, nos corresponde ser para con los demás como Dios ha sido para con nosotros… Por muy decrépita que esté la vida, por muy decaídas que estén las esperanzas, por muy penosa que sea la existencia, por muy quemada que se halle mi persona… la vida es sagrada, es de Dios, y continuamos siendo su imagen…

Jueces 6 y 7 – LA HISTORIA DE GEDEÓN, «EL GUERRERO PODEROSO».

Josué, el sucesor de Moisés en la guía de Israel, ha muerto. Ha dejado a las tribus establecidas en su territorio. Tienen tierra en que habitar, pero no hay justicia para vivir. Por la desunión entre los israelitas, sus vecinos se aprovechan y les oprimen. «Los hermanos sean unidos / porque ésa es la ley primera; / tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos pelean, / los devoran los de ajuera», recita el Martín Fierro. «Entonces, los israelitas clamaron a Dios…» (6, 7). Y Dios les recuerda cuál fue su origen, del que se han olvidado. Alguien tiene que unir al pueblo. Dios manda a su enviado a ofrecerle esta misión a Gedeón, hijo de Joás de Abiezer, que estaba trillando trigo…

 1. El enviado saluda: «¡Dios está contigo, valiente guerrero!» El llamado tiene lugar en lo ordinario de la vida, en los quehaceres ordinarios donde uno se gana la vida y trata de dar respuesta a sus preocupaciones. Gedeón está trillando en secreto, precavido de lo que está haciendo para esconderlo de los madianitas, enemigos de Israel que devastaban sus campos y robaban su ganado. El ángel de Dios se le presenta bajo una encina y le saluda: «¡Dios está contigo, valiente guerrero!» (6, 12). Gedeón parece enojado e incrédulo: «Si fuera verdad lo que dices no nos encontraríamos como estamos. Perdona, señor, pero si Dios está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? ¿Dónde están todos los prodigios que nos contaron nuestros padres cuando nos decían: Dios nos hizo salir de Egipto? Pero ahora Dios nos ha abandonado y nos ha entregado a las manos de Madián» (6, 13).

2. El enviado de Dios insiste a Gedeón en atender al llamado, porque quien llama le capacita.- «¡Anda! Tú eres capaz de librar a Israel de la mano de Madián: yo soy quien te envía!» (6, 14). La misión que Dios confía va más allá de las fuerzas del enviado. Por eso comporta la fe: es Él quien lleva adelante la misión por intermedio del elegido.

3. Gedeón no la ve clara: «hazme ver una señal».- Gedeón tiene serias dudas: «Si realmente te he caído en gracia, hazme ver una señal y así sabré que eres tú quien me habla» (6, 17). Y pide al enviado de Dios que no se vaya, porque desea hacer una ofrenda. El enviado le promete quedarse. «Se fue, pues, Gedeón; preparó un cabrito y con una medida de harina hizo panes sin levadura. Puso la carne en una canasta y el caldo en una olla y lo llevó todo para ofrecerlo bajo la encina. El ángel de Dios le dijo entonces: “Toma la carne y los panes sin levadura, deposítalos en esta roca y derrama el caldo”. Y así lo hizo» (6, 19-20).

4. Dios hace su obra y Gedeón parece entender.- «Entonces el ángel de Dios extendió su bastón y con la punta de él tocó la carne y los panes sin levadura: salió fuego de la roca y consumió la carne y los panes sin levadura; el ángel de Dios mientras tanto había desaparecido de su vista» (6, 21). Dios parece haber iluminado la oscuridad de Gedeón, ha cocido su tierna masa, ha caldeado sus frialdades: «Gedeón construyó en ese lugar un altar para Dios al que llamó: Dios-Paz» (6, 24). Y decide cambiar el horizonte de su vida: demuele los altares de sus antiguos dioses (cf. 6, 25).

 5. Las brumas de la duda, sin embargo, no se disipan del todo en Gedeón, y continúa pidiendo señales.- «“Si realmente quieres salvar a Israel por mi mano, como lo has dicho, concédeme esta señal: pondré un vellón de lana en la era. Si solamente el vellón está con rocío, siendo que todo el suelo del derredor está seco, sabré que tú quieres libara a Israel por mi mano, como lo has dicho”. Y así sucedió» (6, 37-38). Aún no satisfecho, Gedeón continúa: «No te enojes conmigo si vuelvo a hablar: dame otra prueba con el vellón y que sólo quede seco el vellón mientras todo el suelo del derredor queda cubierto de rocío. Así hizo Dios que fuera esa noche…» (6, 39-40).

6. La paciencia de Dios convence a Gedeón.- Gedeón se anima con la misión y organiza un ejército enorme para derrotar a los invasores. El texto habla de 30.000 hombres. Sorprendentemente Dios le comenta: «Llevas demasiada gente. Si entregara a tu enemigo en tus manos, Israel podría vanagloriarse a costa mía. Diría: “Yo mismo me he librado”» (7, 2). Dios sugiere a Gedeón que deje irse a los que tengan miedo. Y así lo hace, descartando 22.000. De nuevo sorprendentemente, Dios dice a Gedeón: «”Todavía son demasiados. Haz que bajen al agua y allí haré la selección… Los que beben el agua tomándola en su mano y lamiéndola como hacen los perros, sitúalos aparte de los que beben doblando la rodilla”. Una vez separados, quedaron trescientos hombres que habían bebido el agua tomándola con la mano. Y dijo Dios: “Con estos trescientos hombres yo os libertaré, y entregaré a los madianitas en tus manos. Todos los demás que se vayan a casa”» (7, 4- 7).

7. Dios otorgó la victoria a Gedeón con su pequeño grupo.- Gedeón logra que los madianitas se dispersen confundidos sin entrar en batalla, solamente con el estruendo emitido por el toque de los cuernos y el ruido de los cántaros rotos. El pueblo de Israel, agradecido, quiso hacer rey a Gedeón, pero él contestó: «Yahvé será vuestro rey» (8, 21), para que les quedase bien claro que la victoria se la debían a Dios y a nadie más.

*** ¿Confiaremos en Dios? ¿Nos dejaremos vencer por las dificultades, los temores, las tentaciones, los fracasos? Lo que nos pide Dios no es que busquemos ser héroes, sino testigos; no conquistadores, sino profetas; no vencedores, sino hermanos. Para ello hemos de romper el cántaro de los  egoísmos, las soberbias, los rencores, las mezquindades… y proclamar que sólo Dios es Señor.

Jueces 11: «JEFTÉ DE GALAAD, UN VALIENTE GUERRERO».

Hijo de Galaad y una prostituta, fue expulsado de su familia por los hijos de su padre con su mujer legítima. Desheredado, tuvo que ganarse la vida como pudo, haciendo incursiones en Israel para robar con un grupo de aventureros que se le juntaron. Con el tiempo llegó a ser un gran guerrero, con dotes particulares para el mando y la batalla. Por ese tiempo los amonitas, un pueblo vecino, atacaron a Israel.

Desprotegidos por la falta de liderazgo, los ancianos fueron a buscara a Jefté: «¡Ven! Tú serás nuestro jefe y nosotros lucharemos con los amonitas» (11, 6). Y Jefté les respondió: «¿No fueron ustedes los que me despreciaron y me echaron de la casa de mi padre? ¡Y vienen ahora a buscarme porque están en peligro!» (11, 7).

1. «Precisamente por eso nos hemos dirigido a ti ahora…» (11, 8).- Jefté siente que es la ocasión para volver a su  pueblo y olvidar las ofensas: «Si me hacen volver para combatir a los amonitas y si Dios los pone en mis manos, seré el jefe de ustedes» (11, 9). Siempre hay una posibilidad para superar los fracasos y desterrar los rencores. Fue entonces que «el espíritu de Dos se apoderó de Jefté» (11, 29).

2. Jefté hace una promesa.- «Si entregas en mis manos a los amonitas, el primero que atraviese la puerta de mi casa para salir a saludarme después de mi victoria, será para Dios y lo sacrificaré por el fuego» (11, 31). ¿Se puede prometer algo que no se sabe si se podrá cumplir? A Jefté se le vuelve cruel: «cuando regresaba a su casa salió a saludarlo su hija con tamboriles y coros. Era su única hija. Fuera de ella no tenía hijos ni hijas» (11, 34).

Nuestras promesas inadecuadas pueden hacernos mal y atentar contra las personas que más queremos. Por ejemplo, cuando prometo hacer cosas que exceden mi capacidad, como si esto fuese a transformar mi vida, en lugar de comprometerme humildemente a ser un poquito mejor cada día.

3. Los elegidos de Dios no son perfectos.- Las personas elegidas por Dios no son perfectas, pero en un determinado momento de su vida, por la fuerza del Espíritu de Dios, ponen su vida al servicio de su pueblo y arriesgan su vida por la salvación de sus hermanos.

 *** Tampoco nosotros somos perfectos. ¿Pediremos a Dios su Espíritu para que nos comprometa en el servicio de nuestro pueblo? ¿Estaremos dispuestos a entregar la vida por nuestros hermanos, sin grandes promesa, en el día a día? No estamos llamados a ser héroes, sino hermanos; no estamos en el mundo para vencer a nadie, sino para procurar el bien a todos; no para realizar gestas gloriosas, sino acciones de generosidad, justicia y amor que generen fraternidad.

1 Samuel 3, 1-10: «DIOS LLAMA A SAMUEL».

– 1. «El joven Samuel servía a Dios bajo la mirada de Elí» en el santuario de Silo.- Elí era juez y sacerdote en Silo, un antiguo santuario que Israel hereda de los antiguos habitantes de la tierra que ahora habita. Elí significa «Dios es grande, alto, magnífico». Todavía Israel no era un pueblo organizado y las instituciones estaban aún por definir. Los jueces eran elegidos para ser consejeros en la vida, mediadores en los conflictos y garantes de la justicia. Se encargaba también de los sacrificios rituales de la gente y guiaba las fiestas del pueblo. En torno a los santuarios había una especie de escuela, donde algunas familias promesantes enviaban a sus hijos para instruirse con la sabiduría del juez-sacerdote. Es el caso de Samuel.

2. «En ese tiempo las palabra de Dios era muy rara y las visiones poco frecuentes.- En Silo se realizaban rituales a Dios. En el interior del santuario se custodiaba el Arca de la Alianza, símbolo de la presencia de Dios, y había una lámpara que lo alumbraba. La percepción que los israelitas tenían de Dios era muy peculiar. El pueblo se había acostumbrado a vivir en peleas continuas con sus vecinos por la tierra que ocupaban. El motivo por el que acudían a Dios era para que les favoreciese en sus empresas guerreras. La experiencia religiosa se dirigía más a conseguir eso que a transformar desde adentro la vida de las personas con la luz de Dios y su Palabra. Elí, además, ya era anciano. Su oído se le estaba tapando para las palabras y sus ojos estaban casi ciegos para la luz.

3. «Todavía no se había apagado la lámpara de Dios y Samuel estaba acostado en el santuario, allí donde estaba el Arca de Dios. Y Dios lo llamó: “¡Samuel! ¡Samuel!” Corrió donde Elí y le dijo: “Aquí estoy, vengo porque me has llamado”. Elí le respondió: “Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte”».- Notas y textos para la catequesis 15 A pesar de todo, la luz de Dios todavía no está del todo apagada. Aún brilla su presencia. A pesar de la oscuridad, de las cegueras de la existencia, de las sorderas de la vida. En cualquier momento, aunque la voz no sepa uno de quién viene. Con frecuencia la voz se reitera y uno no la identifica.

4. Por tres veces se reitera el llamado. Elí se dio cuenta de que algo estaba pasando y le aconseja a Samuel: «Anda a acostarte; si te llaman, responde: “Habla, Señor, que tu servidor escucha”».- Y así hace Samuel: su nombre significa «el que escucha a Dios». Escuchar, estar atentos, porque los llamados de Dios se dan en cualquier momento y lugar. Hay que darse tiempo, aunque esté oscuro, aun cuando uno no entienda, aunque uno no se lo crea…

*** Vivir la experiencia de la Palabra de Dios, acudir a ella, escucharla… Los cristianos no somos videntes ni adivinos, sino «oyentes de la Palabra». Ella transforma nuestro corazón, nos convierte desde adentro: no hay fe sin experiencia de Dios, sin escucha de su Palabra, sin «obediencia» (ob-audire = atender a quien va delante, el que nos guía). Los cristianos, discípulos de Jesucristo, somos llamados a cultivar esta disposición de Samuel: «el que escucha a Dios».

Es nuestra vocación común. Es lo que nos hace testigos de la Buena Noticia de la salvación, del anuncio fundamental (kerigma) que nos convierte en discípulos misioneros: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Papa Francisco, La alegría del Evangelio, n. 165).

Zacarías 2, 5-9.14-15: MEDIR JERUSALÉN.

Jerusalén está rodeada de murallas. Sus pobladores se sienten seguros. Confían más en sus muros que en el Dios que les ha elegido. Por eso «voy a medir a Jerusalén, para saber cuánto mide de largo y de ancho», dice el ángel, el enviado de Dios. ¿Cuánto tiene de ancho tu amor, tus brazos para abrazar? ¿Cuánto tienes de alto, de largo, de estatura… para contemplar la sabiduría de Dios, para conocer su voluntad? Dios anuncia tiempos nuevos. Para ello hay que derrumbar murallas, abrir los brazos, ensanchar el corazón, abrir la mente a la sabiduría de Dios, el corazón a su amor. Porque «da más fuerza saberse amado que sentirse fuerte» (Carlos Díaz).

Mateo 1, 18-25: «JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN».

Notas y textos para la catequesis 16 La genealogía de Jesús concluye así: «Y Jacob fue padre de José, esposo de María, y de María nació Jesús, llamado también Cristo» (Mateo 1, 16).

1. José era «un hombre excelente», fuera de lo común, bueno, justo.- Ante la situación que se le presenta no entiende. Quiere a su mujer, pero algo le perturba. Desearía saber cómo es que María, la mujer con la que está desposado y con quien todavía no convive, ha llegado a estar embarazada. ¿Tendrá que pedirle explicaciones?

2. Él «no quiere desacreditarla» y por eso piensa «firmarle en secreto un acta de divorcio».- ¿Por qué en secreto? Si lo hace en público tiene que exponer las razones: «mi mujer está embarazada y el niño no es mío». Entonces es adúltera y hay que aplicarle la ley de Moisés: tiene que morir apedreada. Si se divorcia en secreto ella, a la que tanto quiere, quedará a salvo. Será él quien quede desacreditado para siempre: «es un mal hombre, no quiere hacerse cargo de la criatura». Tendrá que irse del pueblo y quedará en la memoria colectiva como un renegado.

3. José no sabe, no entiende, no comprende. Pero tampoco murmura, ni sospecha, ni acusa.- Quizá José le dijese a su mujer: «María, estamos en problemas. Yo no sé, no entiendo, no comprendo… Tú no puedes explicarme… Pero hay que buscarle una salida a nuestra situación». 4. José se agota, le faltan las fuerzas, no puede seguir… Y le vence el sueño.- Y en el sueño la pesadilla de la vida se torna «sueño de Dios»: «Mira, José, esto no es cosa de los hombres, sino de Dios. Deja que él lo encamine…». José pasa de formar parte de la pesadilla de los hombres a ser cauce del «sueño de Dios», de su historia de salvación, de su voluntad redentora.

*** Ser cauces del sueño de Dios. A veces no sabemos, ni entendemos, ni comprendemos. Y murmuramos, sospechamos, acusamos…

José no se deja encerrar en sí mismo. Sale de sí al encuentro de la verdad que Dios le manifiesta.  Es un «hombre excelente», fuera de lo común, bueno, justo. Dispuesto a quedar mal para que la mujer a quien ama quede bien. Y es eso lo que hace que Dios le haga pasar de su pesadilla humana y lo introduce en su sueño divino…

Juan 21, 15-19: «¿ME AMAS?» Jesús se manifiesta resucitado a sus discípulos por tercera vez. Les ha invitado a desayunar después de la «pesca milagrosa». Luego de compartir pan y pescado se dirige a Simón Pedro…

1. «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».- Simón es el nombre «familiar» de Pedro. Éste es el nombre que Jesús le ha puesto. Ahora le llama por su nombre de familia… Jesús le ha elegido siendo quien es, con su origen, su trayectoria, su identidad.

El arrogante Simón, hombre primario, tosco, rudo… es un buen pescador. Sincero a la vez que flojo, honesto y también cobarde, dispuesto a matar y a morir por algo glorioso, pero no sabemos si por algo sencillo… Jesús no le pregunta: «Simón, ¿qué estás dispuesto a hacer por mí?», sino simplemente: «¿Me amas más que estos?»

2. La pregunta es por el amor. ¿Sabrá Simón cómo aman los demás para compararse con ellos?- Él mismo reconoce que lo traicionó, que no puede compararse con otros, que en eso lleva las de perder… Su respuesta es sencilla y no le aporta ninguna información nueva a Jesús: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». «Apacienta mis corderos», le dice Jesús.

3. Jesús vuelve a preguntar: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».- Quizá Simón recordara algunas ocasiones en las que Jesús habló del amor. Como cuando en casa del fariseo Simón una pecadora se le acercó para lavarle los pies con sus lágrimas, secarlos con sus cabellos, ungirlos con su perfume.

Y Jesús hizo ver cómo ama más aquella persona a quien más se le perdona (Lucas 7, 36-50); o cuando la mujer sorprendida en adulterio le fue presentada para que dictase veredicto según manda la ley de Moisés y apedrearla (Juan 8, 3-11), y Jesús preguntó quién era el valiente que, por no tener pecado, podría lanzar la primera piedra… Simón responde: «Si, Señor, tú sabes que te quiero».

Es como si reconociese que Jesús le dice: «Simón, déjate perdonar, déjate amar, te hará bien, te capacitará para vivir, para continuar caminando, para ser feliz, para recibir la salvación, para ser redimido. No por tus méritos, sino por gracia». «Apacienta mis ovejas».

4. Y de nuevo la pregunta de Jesús, ahora con sus dos nombres: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?»- Simón se entristece. Quizá se dio cuenta de que no estaba preparado para ser «Pedro», piedra, cimiento, base para la comunidad del Maestro: él lo había negado. No merece su confianza, tampoco su amor. «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero», le contestó. «Tú sabes, Señor, lo pobre que soy, que tuve miedo, que te negué, que una cosa es el discurso y otra la vida, que me escapé, que no soy digno». Jesús le dice de nuevo: «Apacienta mis ovejas». «Lo sé, Simón, pero déjate querer para que puedas amar. No es tu fuerza, es mi gracia. No son tus méritos, es mi don. No te quiero héroe, sino hermano. Déjate amar para que puedas amar, especialmente a quienes nadie ama; déjate perdonar para que puedas perdonar, especialmente a quienes nadie perdona; déjate redimir para que seas cauce de redención, especialmente para los más débiles. Sé para mis ovejas, Simón, como yo he sido para contigo. Este es, Pedro, el cimiento que quiero para mi Iglesia». *** Jesús le ha interrogado por tres veces quizá porque tres son los sentidos del amor: – El amor por atracción (éros), propio de quien quiere llegar a ocupar un lugar en la vida de alguien; – El amor por amistad (filía), propio de quien quiere llegar a ser amigo de alguien; – El amor por donación (ágape), liberado del interés, sin voluntad de adueñarse de nada, con la intención de entregarlo todo. Amor que se transforma en caridad (caritas) cuando reconoce que amamos por el mismo amor de Dios, «derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos fue dado» (Romanos 5, 5) y que no pretende más que hacer fluir el gozo de ser amado por Él.

Después de la pasión y muerte de Jesús los discípulos habían tocado fondo. Se sentían perdidos y con ello culpables, cobardes, traidores. A Jesús Resucitado le cuesta sacarles de esta postración, hacerles ver que él no viene a reprocharles nada, sino a ofrecerles la paz propia de quienes aman: de quienes se dejan amar por el Amor que redime y se convierten en testigos de ese Amor, para amar siempre como Jesús me ama. Dejar, en fin, que el Resucitado sea el centro. Y que sea Él quien conduzca la vida.

Génesis 28, 10-16: EL SUEÑO DE JACOB. -Manolo Pliego Iglesias, cfm

El sueño de Benito Condorí (relato indígena).

Benito Condorí había perdido sus llamas, y aquella mañana se fue a buscarlas al cerro, preocupado pues el puma estaba haciendo daño y mientras se encaminaba para el cerro junto a su perrito, sacó su chuspa y se puso a coquear su acullico de coca para tener ánimo. Cuando llegó al cerro el sol estaba bien alto, busco sus llamas en la pampita de las chillaguas y no estaban, después en el campo de los irus y tampoco, a la tardecita llegó a la abrita de la apacheta, hizo su oración a la Pachamama y dejó su acullico de coca debajo de una piedra. El sol ya estaba de tarde y la noche se acercaba. Entonces se fue al puesto para pasar la noche y seguir buscando al otro día, se abrigó con su ponchito y se durmió. Cuando estaba profundamente dormido tuvo un sueño: «De la apacheta yo vi como si naciera de adentro de la tierra una mujer en forma de árbol como Queñua, sus pies quedaron en la tierra como raíces, su cuerpo era el tronco y las ramas y sus cabellos eran las hojas. Y diciéndome me hablo: Yo soy la Pachamama, yo soy toda y estoy en todo, mira mis pies ahí están tus antepasados, y me dio una escalera hecha de pan y me dijo; Sube, y escucha mi corazón, yo subí y vi un cielo muy azul y un olor a coa invadió todo el lugar, acerqué mi oído a su seno y escuché las voces de mis hermanos huérfanos que vagan por el mundo porque han perdido a su madre. Bajé del árbol y se hizo viento sus cabellos se trasformaron en plumas y voló un cóndor. De su cuerpo se hizo una vicuña y de sus pies una serpiente que se perdió para adentro. Y todo el lugar donde ella había estado se convirtió en una hermosa chacra donde maduraban las mejores papas, maíces y quinuas que han visto mis ojos. De repente, ahí no más me desperté de mi sueño y estaba amaneciendo y contento me fui a buscar mis llamas y las encontré pasteando tranquilas en el ciénago, las conté y no faltaba ninguna, las rodeé y me volví para el rancho junto a mi perrito. Cuando llegué le conté a mi compañera Lidia: Anoche me soñé con la Pachamama…» (relato anónimo).

El sueño de Jacob (Génesis 28, 10-16)

«Jacob fue de Bersebá a Jarán. Al llegar a cierto lugar se decidió a pasar la noche allí, pues el sol ya se había puesto. Tomó una piedra y la usó como de cabecera y se acostó. Mientras dormía, tuvo un sueño. Vio una escalera, que estaba apoyada en la tierra, que tocaba el cielo con la otra punta, y por ella subían y bajaban los ángeles de Dios. Yavé estaba de pie a su lado y le dijo: Yo soy Yavé, el Dios de tu padre Abraham y de Isaac. Te daré a ti y a tus descendientes la tierra en que descansas. Tus descendientes serán numerosos como el polvo de la tierra y te extenderás por todos lados: al oriente y al occidente, al sur y al norte. En ti y en tus descendientes serán benditas todas las naciones. Yo estoy contigo. Te protegeré a donde vayas y te haré volver a este lugar. No te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho. Despertó Jacob de su sueño y dijo: Yavé está realmente en este lugar y yo no lo sabía».

 Comentario.- Vivimos en un mundo en el que algunos proclaman el fin de la historia, el fin de los sueños, que han permitido que hasta ahora muchos hombres y mujeres hayan sido capaces de vivir de forma alternativa. Esta misma situación hace más urgente la recreación de nuestros sueños. Se necesita tener corazón de profeta para seguir soñando, a pesar de la desesperanza que vivimos en esta Argentina y Latinoamérica.

El profeta Joel en 3, 1-5 dice así: «Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Sus hijos y sus hijas profetizaran, sus ancianos soñaran sueños, y sus jóvenes verán visiones» (4). Los sueños son un elemento importante en la vida de muchos pueblos Latinoamericanos. La gente cree mucho en el papel «pronóstico» de los sueños. Por los sueños se piensa vislumbrar el porvenir. Por lo menos se da un presentimiento. Por ejemplo la expresión: «anoche me soñé con fulano de tal». Si la persona con la que se ha soñado está viva todavía, quiere decir, que a la persona que se le ha soñado le está necesitando. Y si la persona que aparece en el sueño ya se ha muerto, quiere decir que a su alma no le va bien, quizá le hace falta una misa. Así de todos modos la creencia. A nivel socio-político, los sueños son las utopías por las cuales se espera superar el presente orden injusto. Por eso soñar es apropiarnos del mundo. Aunque se dan los sueños interrumpidos, es decir las utopías suspendidas, ¿cómo mantener la esperanza y la voluntad para seguir resistiendo en medio de tantas pesadillas? (5). El mito de la Pachamama es un símbolo en forma de relato. En nuestro caso, se expresa a través del sueño-símbolo y se produce ante todo para ocultar un deseo prohibido por la censura. (6) En esta búsqueda de nuestras raíces e identidad, nos preguntamos: ¿De dónde venimos?. Nos encontramos con los valores importantes de los sueños, los mitos, los símbolos. Toda cultura necesita de estos elementos para afirmar y construir su cosmovisión, es decir, como interpretar y entender el mundo. Jacob y Benito sueñan: ambos se apropian de los deseos de Dios, que tiene un proyecto para sus hijos. Dios se mete en nuestros sueños y sueña junto a nosotros, sus sueños son nuestros sueños. Esta manera de actuar de Dios es característica en el pueblo de la Biblia, pero también, Diosito lo hace y lo viene haciendo en las religiones indígenas. En ambos sueños se dan un sin fin de elementos simbólicos. Uno de ellos es la escalera como símbolo para acercar el cielo con la tierra, para tener a Dios más cerca. En las ofrenditas a los difuntos aparece siempre la escalera de pan como símbolo de cercanía con las almitas, que vienen a visitarnos. Para pensar en comunidad.- Primero leemos el sueño-relato de Benito y lo comentamos entre todos, para descubrir que nos quiere decir y cuál es su mensaje. Después leemos el texto del Génesis “sueño de Jacob” y lo comentamos entre todos para descubrir que nos quiere decir y que relación tienen ambos relatos entre sí y que los diferencia. Es importante que analicemos cada uno de los  símbolos como: la escalera de pan, las voces de los huérfanos que han perdido a su madre, el cóndor, la vicuña, la serpiente, la chacra como jardín. – ¿Qué mensaje tienen estos símbolos? – ¿Qué sueños tenemos? – ¿Cómo soñamos nuestro futuro? Hay un aspecto interesante en el sueño de Benito con respecto a esa otra cara de Dios, el rostro materno, femenino de Dios. Siempre nos han contado o explicado a Dios como Padre y, ¿no será que tiene rasgos maternales también? – ¿Cómo sentimos a Dios? – ¿Cuándo lo sentimos con sus rasgos maternales? – ¿Cuándo lo sentimos con sus rasgos paternales? La intuición indígena de la Pachamama es concebirla como un gran seno materno fecundo, que cobija a la vez a todos los seres vivientes proporcionándoles el sustento necesario para todos. Esta divinización espacial de la naturaleza femenina y benigna produce el equilibrio, la estabilidad y la armonía, aunque por otro lado la Pachamama es reclamadora de pagos y celosa intransigente del rito propiciatorio de la “corpachada “. (7) Glosario de palabras.- – Acullíco: conjunto de hojas de coca que se mascan en la boca – Apacheta: Altar sagrado de piedras a la Pachamama – Pachamama: Madre tierra – Chillagua: pasto que comen ovejas y llamas – Chuspa: Funda hecha de lana de colores donde se guarda la coca. – Iru: pasto duro que se da en las alturas de los cerros – Queñua: árbol mítico autóctono de los Andes – Coa: planta aromática que usa como incienso, en los ritos de la cultura andina – Quínua: Cereal propio de los Andes. – Corpachada: Rito a la Pachamama. Éxodo 1, 1-7: LOS NOMBRES DE JACOB.- Manolo Pliego Iglesias, cfm La listita de mis almitas (relato indígena). Era la festividad de todos los fieles difuntos, ya estábamos listos para salir al cementerio para decir la misa, y en esto, llegó Doña Fabiana Mamaní apoyándose en un bastón y caminando despacito; ahí no mas, nos llamó: ¡ay padrecito! ¿No me podría anotar en un papelcito la lista de mis almitas para la misa? Es que no tengo a nadie en la casa que me escriba. Yo tomé un papel y un lápiz y Doña Fabiana comenzó así: «Eulogio, Gertudris, Beltrán, Dionisio, Gervasio, Concepciona, Benito, Adalberto, Mónica, José, Felipa, Julio, Luis, Bartolomé, Catalina, Fulgencio, Atanasio, Marcelina, Robustiano, Felisa». De vez en cuando se paraba y decía: «¡ay padrecito me falla la memoria, me olvido! Y seguía: Zenón, Leonor, Agapito, Lidia, Artemio, Enrique, Crecenciano». A mí se me acabó el papelito y tuve que tomar otro porque la lista no terminaba. «Aniceto, Brígido, Pablo, Rubén, Germán, Bernardo, Mercedes, Elsa, Francisco, Juan. Y ahora padrecito me va a anotar los angelitos: Rufino Gloria, Felisa, Donato, Tomas, Rosario, Marianita, Justina, Rosita, Eugenio, Juancito, Catalina, Pascualita, Jimenita y Elsita». Yo le pregunté quién era el primero de la lista, y ella respondió: «Son mis tatas y los tatas de mi esposo». Y los angelitos ¿quiénes son?, Ella respondió: «Son guagüitas, angelitos muertos algunos míos y otros de mis hijos y de mi familia». Nos fuimos al cementerio y allí esperaban cómo 50 personas. Sobre el altar habría como 50 listas de cada uno de los presentes, por cada lista unos 20 nombres, como 1000 nombres se leyeron, muchos se repetían y se cruzaban entre las familias. Pero todos estaban pendientes con su mirada y sus oídos atentos para ver en qué momento se leía públicamente la lista de sus almitas. Cuando terminó la misa una familia se acercoóa reclamar que no había sido leída su lista. Buscamos y encontramos traspapelada su listita. Sucedió en Abra Pampa, provincia de Jujuy – Argentina, 1996. Lista de los nombres de Jacob (Éxodo 1,1-7).- La palabra «éxodo» significa: salida, camino, viaje, emigración. Este libro de la Biblia fue bautizado con este nombre de «éxodo» para expresar que lo importante no son los protagonismos personales sino los procesos colectivos. Pero la Biblia judía a este libro lo llama: «El libro de los nombres», por eso el primer capítulo comienza así: «Lista de los nombres de los hijos de Israel que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser. Los descendientes de Jacob eran 70 personas. Pero José estaba ya en Egipto. Murió José, todos sus hermanos y toda aquella generación, pero los hijos de Israel, muy fecundos se multiplicaron mucho. Llegaron a ser tan numerosos que los había en todo el país». Comentario.- Para el pueblo de Israel, recordar los nombres de sus antepasados era sentirse perteneciente a una gran familia que no nació el día de ayer, sino hace mucho tiempo, por eso tiene una historia, una identidad, una fuerza. Pero sobre todo es interesante ver como esta forma de recordar los nombres es una forma rápida de recordar su historia, porque decir un nombre de un Tata es una palabra que evoca un sentimiento de amor y cariño. Es la necesidad que todos tenemos de saber de dónde venimos cual es nuestro origen, ¿Quién fue mi abuelo?, ¿Quién es mi madre, mi padre? ¿Quiénes fueron mis antepasados? Esta pregunta se la hacen con más frecuencia aquellos que han sido huérfanos, desaparecidos, ¿Somos huérfanos como pueblo? Doña Fabiana no sabe leer y por eso nunca leyó la Biblia, ella solo la ha escuchado, y no es lo mismo el que lee que el que escucha, pues el que escucha casi siempre se queda con la idea del principio y la del final. Pero Doña Fabiana por su forma de guardar en la memoria los nombres de sus tatas, está creando resistencia y escribiendo en su corazón la Biblia; «el libro de los nombres», como lo hizo el pueblo de Israel, ese pueblo que se formó desde una idea de familia, pero no una idea de familia como se entiende en la cultura urbana, sino una idea de familia mucho más amplia, como la entiende la cultura indígena. Los mil nombres que se leyeron y se siguen recordando y leyendo en los cementerios se repetían y se cruzaban y se relacionaban entre las familias. Los cementerios son lugares de memoria, son nuestras raíces. Cuando las familias están atentas que se lea la lista de sus almitas, están atentas a su pequeña historia genealógica; ¿y para qué sirven las genealogías?, Y para conectarnos con los antepasados como un cordón umbilical que nos trae el flujo de la vida, para reconocer y recrear la identidad, la memoria, porque tener memoria es tener proyecto y tener proyecto es tener futuro, es resistir aunque me silencien. Por eso el libro del «éxodo», o «libro de los nombres» para los judíos, comienza con la lista de los nombres de los hijos de Israel, aquellos que llegaron con Jacob, los que iniciaron el camino de liberación de protagonismo, de memoria y de identidad, y Dios en todo ese camino va a estar siempre caminando y acompañando a su pueblo. Para pensar en comunidad.- Sería bonito trabajar por grupos y que cada grupo pueda presentar su lista de almitas o genealogías contando a modo de historia como se formaron esas familias de donde vinieron como llegaron. También podríamos representar en forma de teatro a modo de representación como es la historia de nuestra almitas, de nuestros antepasados. Al terminar la representación teatral nos preguntamos: ¿Qué nos ha enseñado? ¿Qué hemos sentido? ¿Qué hemos aprendido? Y hacemos una oración espontánea a nuestras almitas pidiendo su fuerza y su esperanza. 2 Reyes: 4, 17-37: ELISEO DA CALOR Y VIDA AL CUERPO DE UN NIÑO.- Manolo Pliego Iglesias, cfm Mi guagüita no guapea.-  Terminaba el verano y el invierno entró rápido, los arroyos y los ríos, se congelaban por el intenso frío. Llegaba la época de trasladar las ovejas a los puestos pues el pasto escaseaba y las ovejitas se atrasaban. Lucía sentada en la cama le daba el pecho a su guagüita de cuatro meses, y mientras le daba instrucciones a Elsita su hija de doce años: – «Mira hijita, se quedan solas, te dejo la mercadería y cualquier cosita que necesiten recurre a la tía Simona. El sábado te espero en el puesto». Elsita respondió: – «Sí mami». Elsita y sus hermanos salieron para la escuela y Lucía aparejó el burro con un poco de mercadería y abrió la puerta del corral para que salieran las ovejas y se encamino para el puesto. Una niebla empezó a invadir el cerro y una llovizna suave empezó a caer. Al bebé se le enfrió su espaldita, algunos corderitos se cansaban y no podían seguir a las madres, entonces Lucía los alzó para que no se quedaran. De vez en cuando lloraba su bebé y ella hacía un descanso para darle el pecho. Llegaron al puesto con el sol bien alto, descargó el burro y acomodó sus cositas, dejando el rebaño que pasteara tranquilo al cuidado de los perros. Cuando se hizo la noche agarró unos cueros de oveja y los puso en el suelo de su puestito y tapándose con una frazada de llama acostó su bebé en su seno para darle calor y se durmió. Durante la noche el bebito se despertaba, lloraba y tosía. Por la mañana estaba bien enfermo de resfrío. Lucía fue a buscar «pupusa» para hacerle un té suave y evitar la tos, pero no paraba, cada vez que le daba el pecho vomitaba y la guagüita no guapeaba. Lucía no sabía que hacer: Su hijito se moría. ¿Dónde dejaba las ovejas? ¿Cómo lo llevo al hospital? Y entonces se acordó de su comadre, que seguramente estaba en el puesto detrás de la quebrada. Y arreando las ovejas se fue a pedirle la gauchada. Cuando llegó le contó: – «Mire comadrita, mi guagüita no guapea y está bien enfermita con fiebre, te dejo las ovejitas a tu cuidado y yo me voy al hospital». – ¡Cómo no comadrita Lucia!, ve tranquila, yo me quedo con el rebaño, respondió la comadre. Lucía le dejó un poco de mercadería como agradecimiento. Y Lucía con su guagüita quepida, bajo la quebradita buscando el camino carretero con la esperanza de encontrar un vehículo. Al llegar a una abrita paso junto a la apacheta y rezó una oración a la Pachamama: – «Pachamama Santa tierra que no se me muera la guagua y que no me fallen las fuerzas. Virgencita de la Candelaria dale ánimo a mi bebé y que llegue vivo al hospital». Tomó el camino carretero y después de dos horas no llegaba ningún vehículo. Su bebe empezó a ponerse frío y sus ojos perdidos. En esto se escuchó el ruido de un motor, venía una camioneta. Lucía puso la mano y el vehículo paró: era el padrecito Tobías. Ella se acercó a la ventanilla y saludó diciendo: – «Buen día padrecito. ¿Me podría llevar a Nazareno? ¡Mi guagüita está bien enferma!». El padrecito levantó el aguayo para verle la carita al bebe. Lucía le dijo: – «Padrecito, ¿me puede bendecir a mi guagüita?  Y el padrecito Tobías lo bendijo, haciéndole una señal de la cruz en la frente. Y llegaron a Nazareno. Lucía bajo de la camioneta se acerco a la ventanilla y con una sonrisa dijo: – «¡Gracias padrecito!» Y el padrecito respondió: – «¡Que se mejore tu guagua!» Y Lucía se adentró al hospital. Pasaron varios meses y el padrecito visitó la comunidad de Lucía y se encontró con ella. Y le preguntó cómo se encontraba su bebe. Y Lucía. que lo tenía en sus brazos alzándolo dijo: – «¡Aquí está mi guagüita, guapita nomás! Y gracias a su bendición padrecito, mi bebé se compuso». Tobías le preguntó: – «¿Cómo se llama tu guagua?» Y ella respondió: – «Alcides es su nombre». Pasaron varios años. Tobías murió de viejito y Alcides se hizo grande. Este relato sucedió viajando de La Quiaca – Jujuy a Nazareno-Salta. Eliseo da calor y vida al cuerpo de un niño (2 Reyes: 4,17-37).- «Sin embargo la mujer dio a luz un hijo, justo en el tiempo que le había dicho Eliseo. Creció el niño. Un día fue a ver a su padre, que estaba con los segadores, y tuvo un dolor de cabeza muy fuerte. El padre ordenó a un muchacho: – «Llévaselo a su madre. Este lo tomó y lo llevó a la madre. La madre lo tuvo sobre sus rodillas hasta el medio día y murió». Entonces la madre subió y lo acostó sobre la cama de Eliseo. Cerró la puerta y salió. Luego llamó a su marido diciéndole: – «Mándame una burra y uno de los muchachos. Voy a salir donde el hombre de Dios y vuelvo». Él pregunta: – «¿Por qué vas donde él? No es luna nueva ni sábado». Pero ella dijo: – «No te preocupes». Hizo aparejar la burra, diciéndole a su criado: – «Guíame y no te detengas sin que yo te diga». Llegó al monte Carmelo, donde el hombre de Dios. Eliseo la vio de lejos y dijo a su muchacho: – «Ahí viene nuestra sunamita. Así que corre a su encuentro y pregúntale: “¿Tú estás bien? ¿Tú marido está bien? ¿El niño está bien?”» Ella respondió:  – «Bien». Llegó hasta el hombre de Dios y se abrazó a sus pies. Entonces se acercó Guejazí para separarla, pero el hombre de Dios dijo: – «Déjala, porque su alma está amargada y Yavé no me lo hizo saber ni me ha revelado el motivo de su pena». Ella le dijo: – «¿Acaso te había pedido un hijo? ¿Por qué me has engañado?» Eliseo dijo a Guejazí: «Prepárate toma mi bastón y vete. Si te encuentras con alguien, no te detengas a saludarlo, y si alguien te saluda no le respondas. Y apenas llegues pondrás mi bastón sobre la cara del niño». Pero la madre del niño dijo: – «Juro por Yavé y por tu vida que no te dejaré». Entonces Eliseo se levantó y fue tras ella. Guejazí había ido adelante y había puesto sobre la cara del niño el bastón, pero el niño no dio señales de vida, de modo que volvió donde ellos y dijo: – «El niño no se despierta». Cuando llegó Eliseo a la casa, el niño muerto estaba acostado en su cama. Eliseo entró y cerró la puerta tras de sí, oró a Yavé. Luego se acostó sobre el niño, puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre sus ojos, sus manos sobre sus manos, y el calor volvió al cuerpo del niño. Eliseo se puso a caminar por la casa, de un lado a otro. Luego volvió a acostarse sobre el niño hasta siete veces, y el niño estornudó y abrió sus ojos. Eliseo entonces llamó a Guejazí y le dijo: – «Llama a la madre». Y cuando llegó, Eliseo le dijo: – «Toma tu hijo». Ella se postró a sus pies y luego salió. Llevándose al hijo. Comentario.- Las mujeres y los niños están presentes de manera significativa en el ciclo de narraciones del profeta Eliseo en el libro segundo de los Reyes. El país está pasando por unos momentos de guerras, hambre, deudas, enfermedades, pobreza y esclavitud, mujeres desesperadas y esperanzadas defienden cotidianamente la vida de niños amenazados y sacrificados. Y en el centro de este ciclo de narraciones de Eliseo está la historia de la sunamita y su hijo. Cuando el niño se enferma y muere, el profeta Eliseo se empeña personal y corporalmente identificándose con el pequeño. «Puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre sus ojos, sus manos sobre sus manos, se recostó sobre él y la carne del niño entro en calor» ( 2 Reyes 4, 34). Esta memoria traduce la solidaridad concreta del profeta con el cuerpo amenazado del pequeño, con el cuerpo sacrificado de todos los niños. En este  relato la profecía se alimenta de los cuerpos concretos de los hombres, mujeres y niños en la lucha cotidiana por la vida (1). En el relato aborigen de Lucía, en condiciones también muy adversas, ella lucha por salvar la vida de su hijo y ese es el «milagro». Al igual que Lucía, muchas mujeres en condiciones de marginación, aislamiento, soledad, luchan cada día por salvar la vida de sus guaguas, algunas logran vivir, otras mueren. Mientras su esposo está en la zafra, ella afronta desde lo cotidiano salvar la vida de su hijo. El rebaño es el sostén de la vida campesina, pero aparece la solidaridad en el tejido social todavía vivo en la cultura andina, donde se sostiene de alguna forma la vida, y entre todas las acciones que Lucía va generando; primero los yuyos para hacer curar a su bebé, la comadre que se hace cargo del rebaño, la oración a la Pachamama, la esperanza del vehículo, la bendición del padrecito, y al final el hospital. Todo son pequeñas esperanzas que Lucía ha ido entrelazando para sostener y salvar la vida de su guagüita, y así la constancia y la fe de Lucía en un Dios que quiere la vida y no la muerte, hacen el milagro de la vida que es salvada. Las mujeres en el relato del profeta Eliseo buscan salvar la vida, se movilizan es la vida de la mujer que genera vida y a su vez la sostiene. Es la mujer indígena que defiende y sostiene la vida. Para pensar en comunidad.- Seguramente que todas las mujeres presentes en la comunidad tendrán relatos parecidos de los que hemos leído. Sería bonito que contaran algunas experiencias parecidas a todos los presentes en la comunidad Después de contar estos relatos nos podemos preguntar: – ¿Qué valor le damos a la vida? – Cuando una mujer se sacrifica y sufre por salvar la vida de su guagüita ¿de dónde saca las fuerzas? – ¿Cómo sentimos a Dios en esos momentos difíciles cuando vemos sufrir a nuestros hijos? – ¿Que cosita nos llama más la atención de estos dos relatos y en que nos ayuda para aplicarlo a nuestra vida?. Podemos terminar haciendo una oración de acción de gracias a Dios por la vida y por todas aquellas personas que han luchado por defenderla y se parecen a Dios. Glosario de palabras.- Quepi: Cargar el bebé a la espalda Zafra: Cosecha de la caña de azúcar. Pupusa: Planta medicinal andina. Apacheta: Altar sagrado de piedras a la Pachamama Pachamama: Madre Tierra.

 Jueces 9, 7-15: LOS ÁRBOLES BUSCAN UN REY.- Manolo Pliego Iglesias, cfm Las chacras buscan a un presidente en la Argentina.- Todas las comunidades indígenas se pusieron en camino y subieron a lo más alto de los cerros de la cordillera de los Andes y proclamaron: – «Escuchen lo que dice nuestra Pachamama, cansada de vuestra infertilidad» «Se pusieron en camino las chacras para buscar a un Presidente que gobernara la Argentina de verdad. Le preguntaron a la quinua: – «Queremos que vos seas nuestro Presidente». Y la quinua respondió: – «¿Cómo voy a renunciar al fruto precioso que alimenta el atraso de los niños y sirve de ofrenda a la Pachamama, para ponerme por encima de las otras chacras? No acepto». Las chacras le dijeron al maíz: – «Queremos que vos seas nuestro Presidente». Y el maíz respondió: – «¿Cómo voy a renunciar a mi fruto que alimenta de tantas formas la vida de mi pueblo y a la chicha que alegra las fiestas, para ponerme por encima de las otras chacras? No acepto». Las chacras le dijeron a la papa: – «Queremos que vos seas nuestro Presidente». Y la papa respondió: – «¿Cómo voy a renunciar a mi hermoso fruto que alimenta cada día los guisos, almuerzos y asados de las familias y de los pueblos para ponerme por encima de las otras chacras? No acepto». Entonces las chacras le dijeron al garbancillo: – «¿Vos querés ser nuestro Presidente?» Y el garbancillo respondió: – «¡Pero cómo no hermanitos! Con muchísimo gusto yo seré vuestro Presidente para gobernar vuestras chacras. Acérquense y cobíjense debajo de mi sombra. Y traigan sus ganados para que se alimenten de mi fruto suculento». Muchos se alimentaron y engordaron, y quedaron encantados, pero borrachos de su droga que hasta ahora no pueden escapar de su embrujo y su gualicho. Entonces se paró el maíz, y le habló al garbancillo diciéndole: – «Pero escúchame bien lo que te voy a decir, si no cumples. Yo voy a llamar al Pilpinto que vendrá sobre ti en la oscuridad de la noche en forma de mariposa y te pondrá sobre tus hojas miles de gusanos que te devorarán y te acabarán hasta la raíz y serás exterminado de todos los Andes».

 Los árboles buscan un rey (Jueces: 9, 7-15).- Se lo anunciaron a Jotam, y el mismo se puso en la cumbre del monte Garizim. Allí alzo la voz y proclamó: – «Escúchenme, señores de Siquem y que Dios los escuche». «Los árboles se pusieron en camino para buscar un rey a quién ungir. Dijeron al olivo: – Sé tú nuestro rey. Les respondió el olivo: – ¿Voy a renunciar al aceite con el que gracias a mí son honrados los dioses y los hombres, para ir a ponerme por encima de los árboles? Los árboles dijeron a la higuera: – Ven tú a reinar sobre nosotros. Les respondió la higuera: – ¿Voy a renunciar a dulzura y a mi sabroso fruto para ir ponerme por encima de los árboles? Los árboles le dijeron a la vid: – Ven tú a reinar sobre nosotros. Les respondió la vid: – ¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a ponerme por encima de los árboles? Entonces los árboles le dijeron a la zarza: – Ven tú a reinar sobre nosotros. La zarza respondió a los árboles: – Si con sinceridad vienen a ungirme a mí para reinar sobre ustedes, acérquense y cobíjense a mi sombra, y si así no fuera, brote de la zarza fuego que devore los cedros del Líbano». Comentario.- El pueblo de Israel amontona en su memoria desde la vida cotidiana y así lo expresan en este relato que los más inútiles son los que nos gobiernan esta es la moraleja que tiene esta fábula muy antigua contada en el libro de los Jueces. Bueno pues, así como el pueblo de Israel aprende desde esa práctica la inutilidad del rey y de aquellos que los gobiernan podríamos preguntarnos: ¿Hoy la gente en su vida cotidiana no experimenta de la misma manera la ineficiencia, la infertilidad de los políticos, gobernantes y jueces? Una masa de pobres cada vez más grande con rostros diferentes: Campesinos, desocupados, aborígenes, mujeres, niños, ancianos, jóvenes. Sienten en sus cuerpos, en su vida cotidiana la violación a sus derechos más fundamentales y con sus ojos profundos miran hacia arriba allí donde se encuentran los que gobiernan para anunciar y denunciar una palabra de justicia: detrás de las gomas ardiendo, detrás de las palabras escritas en los pasacalles, desde las plazas del pueblo y golpeando con las cacerolas sus palabras son estas: – Si nos enfermamos y vamos al hospital nos cobran. Y nuestros hijos se mueren por falta de medicamentos. – Las empresas nos despiden y quedamos sin empleo – Nuestra plata de los ahorros de años ha quedado en manos de los bancos y no podemos disponer de ella. – Si queremos más oportunidades de educación y formación, la plata no alcanza. Sentimos que no es respetada nuestra cultura y se impone un modelo cultural que nos desarraiga. – Si pedimos el derecho a la tierra para poder sobrevivir en paz, se nos niega. – Si queremos vender nuestros productos( carne, papa, maíz, verduras) para mantener nuestra subsistencia, nos cargan con impuesto que no podemos pagar y nuestros productos se encarecen. – Si hacemos algún trámite burocrático, judicial, los papeles los encajonan y los jueces se venden y están corruptos. Y nuestra plata es robada por los políticos y grandes empresas. Y si después de irnos mal nos declaramos en huelga, hacemos piquetes para pedir nuestros derechos y cortamos las rutas para que nos escuchen y pedir trabajo. A cambio nos reprimen, nos matan, nos humillan, y dicen que somos vagos y que no queremos trabajar. Después de todo esto nos seguimos preguntando: Y el Estado: ¿Para qué nos sirve a nosotros?, ¿Para garantizar nuestra salud?, ¿La educación?, ¿El derecho de que se nos haga justicia?, ¿El derecho a tener un trabajo, un pedazo de tierra, una vivienda? ¿Para qué carajo nos sirve el estado?, ¿Para qué sirve la democracia?. Y así vemos que la política en estos momentos no sirve para nada, es inútil, infértil como tierra salitrosa como yuyo venenoso. Y parece estar claro que solo sirve para garantizar los intereses económicos de los grandes empresarios, consorcios, banqueros, multinacionales. Y hacer lo que diga, mande y dicte el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Pero a nosotros entonces: ¿Para qué nos sirve el Estado?… Para pensar en comunidad.- El relato de la fábula de las chacras es una comparación simbólica que nos ayuda a reflexionar en la comunidad esta experiencia de inutilidad del estado como lo experimentó el pueblo de Israel cuando querían elegir a un rey, y ahora: ¿cómo experimentamos el servicio político del estado a nuestras comunidades y familias?. Podríamos representar en forma de sociodrama, de teatro, la fábula de las chacras. Un grupo hace quinua, otro de maíz, otro de papa, otro de garbancillo y otro de pilpinto. Generar un dialogo entre ambos representando las distintas escenas del problema. Y después la comunidad que observó el teatro hace un diálogo entre todos para reflexionar y descubrir cuál es el mensaje.

Glosario de palabras.- Quinua: Gramínea andina con muchas proteínas Pilpinto: Mariposa nocturna Garbancillo: Pasto tóxico que mata al ganado Chicha: Bebida hecha de maíz.

Deuteronomio 16, 1-17: LAS FIESTAS DE ISRAEL.-

Manolo Pliego Iglesias, cfm Las fiestas patronales, el corazón de la comunidad.- Sucedió en una comunidad andina. En aquel año, cuando comenzaba el mes de febrero y las lluvias habían sido tan escasas que la sequía ya se sentía en el atraso del ganado y en la poca producción de las chacras, a pesar de todo esto, la comunidad estaba contenta y se preparaba para celebrar la Fiesta Patronal de la Virgencita de la Candelaria.

La animadora Felisa se levantó bien temprano a cocinar para su peoncito y, después de ordeñar las cabras, los despacho pal campo. Felisa, con su «puisca» en mano hilando su lanita, se fue para la capillita a celebrar la fiesta patronal. Al llegar se encontró con los compañeros de la comisión de servicio que estaban adornando la capilla y los arcos con flores, un grupo de mujeres cocinaba el almuercito comunitario al costado de la iglesia.

En ese momento apareció el presidente del club de Fútbol, Don Benito, para comunicarles a los miembros de la comisión de servicio que no van a participar en la Fiesta Patronal porque tienen ya organizado el campeonato de fútbol. El coordinador de la comisión de Servicio Parroquial, Don Luciano, se enojó diciéndole: – «Así no hay respeto por la Fiesta de la Mamita Candelaria y ustedes siempre se mandan solos». Benito le respondió: – «Y a mí qué me dice, yo no tengo nada que ver, todo esto lo ha organizado el Comisionado Municipal y además ya les ha ofertado unos trofeos pa’ los changos».

Después, llegó doña Pascualita que traía sus cuartos, pues este año como promesante le tocaba a ella ofrendar a la Virgencita y, tirándole la bronca a Don Luciano, le decía rigureándole: – «¿Cómo es eso de cambiar la fecha de la fiesta para el fin de semana, quién lo ha dispuesto?» Y Don Luciano le argumentó diciéndole: – «Así lo decidió la comisión y además sepa usted, Doña Pascuala, que lo importante es celebrar la fiesta en honor de la Mamita Candelaria».

Llegó el padrecito, y ahí no más con el repique de campanas y una bomba se avisaba que la misita comenzaba. La comunidad atenta participaba del canto  de entrada: «Vienen con alegría», las flores adornaban el altar y las andas de la Patrona. Al finalizar la procesión apareció un político de la rama del municipio y, haciendo propaganda de las elecciones, se llevó a un grupo de gente a comer un asado con unas cuantas damajuanas de vino que sacó a escondidas de la camioneta, esto dividió a la comunidad. A la tardecita se estaba realizando la celebración de los cuartos, el bombo y la anata sonaban lindo, un grupo de niños jugaba al gallo ciego y otros a la tabeada.

De pronto, ahí no más, aparecieron venidos de la cancha los changos y otros personitas de la política «machaos», llegaron al lugar y sin respeto incomodaron a los que estaban tranquilos junto a las imágenes. Entonces Don Francisco, un anciano respetado y reconocido por la comunidad, le dijo con voz muy serena a Don Luciano: – «Para el año la Fiestita Patronal hay que organizarla con anticipación y entre todos, porque aquí cada uno se manda por su lao: El fútbol organiza a su conveniencia, el comisionado municipal hace lo mismo, el político oportunista busca su interés y nos divide y a la final nuestros propios hermanos aparecen borrachos». Al año siguiente aquella comunidad andina se preparaba para organizar la fiesta patronal de la mamita de la Candelaria. Este año las lluvias habían sido tan lindas que también los campos estaban de fiesta, no hubo granizo ni heladas y las chacras maduraban hermosas y la haciendita por la abundancia de pasto se mantenía guapa.

La comisión de Servicio Parroquial convocó con anticipación una reunión con todos los representantes de las instituciones locales para organizar la Fiesta Patronal. En la reunión algunos participantes pidieron perdón y se disculparon por lo sucedido en la fiesta del año pasado, después que se reconciliaron entre todos, compartieron la coquita y poniendo mano a la obra organizaron un programa de fiestas acordado por todos los presentes. Y llegó la fiesta: amaneciendo una salva de bombas anunciaba que todo comenzaba. La comisión de servicio adornaba los arcos con flores, los jóvenes del club de fútbol preparaban los juegos para los niños, el comisionado municipal limpiaba y ordenaba los alrededores de la capilla, la maestrita traía un ramo de flores para la virgencita, un grupo de mujeres cocinaban un rico almuercito comunitario y Doña Pascualita rezaba y dejaba los cuartos como ofrenda a los pies de la mamita.

Llegó el padrecito, y ahí no mas sonó la bomba y el repique de campanas avisaba el comienzo de la misa en honor a la Virgencita de la Candelaria, un perfume de flores e incienso invadía toda la capilla, la comunidad atenta y todos presentes entonaban el canto de entrada: «Juntos como hermanos». Relato elaborado por los Animadores Egresados -marzo 2001. Las tres fiestas de Israel (Deuteronomio 16, 1-17) «Toma nota en el mes de Abib para celebrar en él la Pascua en honor de Yavé, ya que en ese mes te sacó de Egipto, durante la noche. En la Pascua sacrificarás a Yavé bueyes y ovejas en el lugar que El haya elegido para morada de su nombre. En la cena de Pascua no comerás pan con levadura,  sino que, durante siete días, comerás pan ácimo, pan de miseria; porque la salida de Egipto se hizo en forma precipitada. Así te acordarás todos los días de tu vida del día en que saliste de Egipto.

Por siete días no se verá la levadura en todo tu territorio; y de la carne que hayas sacrificado la tarde del primer día no quedará nada para el día siguiente. No podrás sacrificar la Pascua en ninguna de las ciudades que Yavé te dará, sino sólo en el lugar elegido por él para morada de su Nombre. Sacrificarás la víctima de la Pascua por la tarde, a la puesta del sol, a la hora que saliste de Egipto. La asarás y la comerás en el lugar elegido por Yavé, tu Dios, y luego, por la mañana te volverás a tu casa. Comerás panes ácimos durante seis días; el día séptimo celebrarás una reunión solemne en honor a Yavé y no trabajarás. Luego contarás siete semanas; las contarás desde el día en que comiences a cortar el trigo. Entonces celebrarás la fiesta de las Siete Semanas a Yavé, tu Dios, haciéndole ofrendas voluntarias según lo que hayas cosechado por la gracia de Yavé, tu Dios. En el lugar que Yavé haya elegido para morada de su Nombre, estarás de fiesta, y contigo tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita que vive en tus ciudades, el forastero, el huérfano y la viuda que viven entre ustedes.

Te acordarás de que fuiste esclavo en Egipto y cuidarás de poner en práctica estos preceptos. Celebrarás también la fiesta de las Chozas durante siete días, después de recoger el producto de tu era y de tu lagar. Durante esta fiesta te alegrarás, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que viven en tu ciudad. Siete días durará esta fiesta en honor a Yavé, en el lugar elegido por él; Pues Yavé te bendecirá en todas tus cosechas y en toda obra de tus manos, así que te darás todo a la alegría. Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante Yavé, tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Chozas. Y no se presentarán con las manos vacías, sino que cada uno ofrecerá en proporción a lo que tenga, según la bendición que Yavé le haya otorgado». Comentario.- Las fiestas son el corazón de los pueblos, de las culturas originarias y expresan y transmiten la identidad de la cultura. Por ello están llenas de colorido, de magia, de alegría. Nos vestimos con nuestras mejores ropas, perfumes, comemos nuestras comiditas regionales, suena la música, el baile. Se crea una locura colectiva. Son los sentimientos de nuestra identidad expresados de la forma más sublime. Nuestras fiestas podrían tener mucho más sentido si recordásemos en ellas el regalo de la tierra de la naturaleza, de las cosechas, pero también nuestras luchas por ellas y también las luchas de nuestros antepasados. Porque un pueblo sin memoria es fácil de manipular; en cambio, cuando un pueblo recuerda su pasado, nace la liberación. – Para el pueblo de Israel las fiestas reflejan la identidad, el corazón del pueblo.  – El corazón es el motor del cuerpo. sin el no funciona. ¿Seran nuestras fiestas el corazón de nuestra cultura, de nuestra identidad?. – El pueblo de Israel esclavo en Babilonia sin tierra sin templo, recupera su identidad, su corazón, desde la celebración de las fiestas. – Y cuando el pueblo de Israel celebra las fiestas celebra la liberación. Las fiestas tienen un sentido, un motivo, una memoria, un recuerdo, un agradecimiento. Para pensar en comunidad.- Después de leer el relato nos preguntamos: – ¿Así pasa en nuestra comunidad? – ¿Hemos tenido problemas parecidos? – ¿Cómo han sido? La comunidad puede contar su problema representándolo en un socio-drama o teatro: – ¿Qué fiestas agrarias festejamos? – ¿Cuántas fiestas celebramos en nuestra comunidad? – ¿Cuál es la más importante? ¿Por qué? – ¿Por qué la celebramos? – ¿Qué pasaría si no tuviésemos fiestas? – ¿Son nuestras fiestas el corazón de nuestra comunidad? – ¿Cómo podemos darle más sentido nuestras fiestas? Glosario de palabras.- Puisca: palito de madera donde se hila la lana. Cuartos: medio cordero que se ofrenda en las fiestas.

Mateo 13, 31-33: LA LEVADURA EN LA MASA.- Manolo Pliego Iglesias, cfm Parábola de los «Tanta Guagua».

– El reino de los cielos se parece a una familia indígena, que cuando llega la fiesta de los difuntos, toda la familia se reúne en la casa para ofrendar a sus almitas. La mamá amasa la harina y toda la familia hace los «Tanta Guagua». Los niños hacen los corderitos y los perritos, las jóvenes hacen las palomitas, la abuela hace la escalerita, la mamá los angelitos y el papá trae la leña, calienta el horno y cuece las ofrenditas. Cuando ya están cocidas, hacen un altar y ponen todos los «Tanta Guagua», adornan bien bonito con flores y con las comiditas que les gustaban a sus almitas y después invitan a las familias de la comunidad, para compartir su alegría y sus tristezas y juntos: rezan, cantan, comparten, sueñan y están en comunión con su almitas. Y después las otras familias de la comunidad, se van invitando por las casas y van levantando la esperanza, compartiendo la alegría, y así, durante varios días alimentan la esperanza.

Parábola de la levadura y la masa (Mateo 13,31-33).- «Jesús les propuso otro ejemplo: El reino de los cielos se parece a la levadura que toma una mujer y la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. Y añadió otro ejemplo: El Reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las plantas de la chacra y llega hacerse un arbusto de modo que las aves del cielo se posan en sus ramas». Comentario.- Jesús habla en parábolas y las culturas indígenas, también les gusta narrar, contar historia. Habla en parábolas, porque es más fácil entenderse y entender la vida. Las parábolas encierran utopías, esperanzas que alimentan, motivan y calientan el corazón.

Las parábolas fueron escritas para las comunidades llenas de gentes sencillas que no tienen muchos estudios y entienden la vida cotidiana de forma simple y necesitan resistir y sostener la esperanza en los momentos difíciles. El espacio privilegiado de esta parábola es la casa, es el lugar donde la vida cotidiana se teje como se teje un puyo en el telar, la vida se recrea, se sostiene, se resiste. La casa es el lugar de encuentro materno y de memoria. En este espacio de la casa nace la parábola de los «Tanta guagua», de las ofrendas, de los pancitos, de los sueños compartidos; y esta casita en medio de la comunidad indígena, y la comunidad en medio del mundo y el mundo convertido en una casa dignificada donde todos entramos y podemos vivir.

La casa es el espacio sagrado, el sacramento donde Dios se hace presente. Los símbolos que aparecen en esta parábola como la escalera, las palomitas, los angelitos expresan, las utopías que nacen desde el corazón, la fe y los sentimientos que se generan desde el encuentro de las familias. Por ello cada miembro de la familia participa con su propio rostro: niño/a, jóvenes, anciano/a, madre, padre. Sus manos amasan las utopías y esperanzas, como queriendo atraparlas, y en su ayuda vienen las almita que las recrean y las llenan de la magia de los sueños. Y así se va construyendo el Reino de Dios. Creer desde lo pequeño, desde lo cotidiano que es posible hacer un mundo más justo y más humano. En los momentos en que los discípulos de Jesús y sus comunidades pasan por épocas difíciles y la esperanza se debilita, se hace pequeña, se cae de las manos, en esos momentos llega Jesús y llegan las parábolas del Reino.

Para pensar en comunidad.- En las comunidades indígenas casi todas hacen sus ofrenditas porque a todas las familias les gusta mucho compartir, encontrarnos, rezar, cantar hacer nuestras oraciones y pasar horas felices entre las familias, sentir en estas celebraciones que Diosito está con nosotros. Después de leer la parábola de los “tanta guagua” nos preguntamos: – ¿Qué mensaje tiene para nosotros la parábola de las ofrendas? – ¿Dónde está la esperanza escondida en esta parábola? – ¿Qué esperanza descubrimos dentro de nuestras celebraciones de los difuntos? Como todo lo que rodea a las fiestas de los difuntos está lleno de muchas historias, cuentos, juegos para los velorios, etc. Sería lindo hacer una ronda entre todos para contarnos todo tipo de relatos que conozcamos y que alguien los escriba para que no se pierdan. Glosario de palabras.- Tanta guagua: niños de pan. Puyo: manta de colores. La escalera, las palomas, los corderitos, las figuritas que hacen de pan son las ofrendas que se preparan para el día de los difuntos.

UN HERMOSO POEMA LLENO DE ESPERANZA.- No te rindas (Mario Benedetti, 1920-2009) No te rindas, aún estás a tiempo De alcanzar y comenzar de nuevo, Aceptar tus sombras, Enterrar tus miedos, Liberar el lastre, Retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, Continuar el viaje, Perseguir tus sueños, Destrabar el tiempo, Correr los escombros, Y destapar el cielo. No te rindas, por favor no cedas, Aunque el frío queme, Notas y textos para la catequesis 37 Aunque el miedo muerda, Aunque el sol se esconda, Y se calle el viento, Aún hay fuego en tu alma Aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo Porque lo has querido y porque te quiero Porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo. Abrir las puertas, Quitar los cerrojos, Abandonar las murallas que te protegieron, Vivir la vida y aceptar el reto, Recuperar la risa, Ensayar un canto, Bajar la guardia y extender las manos Desplegar las alas E intentar de nuevo, Celebrar la vida y retomar los cielos. No te rindas, por favor no cedas, Aunque el frío queme, Aunque el miedo muerda, Aunque el sol se ponga y se calle el viento, Aún hay fuego en tu alma, Aún hay vida en tus sueños. Porque cada día es un comienzo nuevo, Porque esta es la hora y el mejor momento. Porque no estás solo, porque yo te quiero.

P. José Demetrio Jiménez, OSA Obispo Prelado – Prelatura de Cafayate